Autoconvenciéndose de que la vida no iba consigo,
haciendo malabares en la latitud más extrema.
Autoconvenciéndose de que la vida no iba consigo,
haciendo malabares en la latitud más extrema.
Tómala.
Acaricia el tacto tosco entre tus manos.
Estremécete con el poder que emana su presencia a tu merced.
Y ahora que exhalas , frenesí de adrenalina,
que espacio y tiempo se alinean a tu voluntad:
¿Qué vas a hacer?
Eterniza resacas de emoción;
construye cadalsos de cuatro muros.
Guareciéndose en sus tristezas, se acomoda en sus desidias:
con ansias de no cambiar nada.
Iras de impaciencia comedida,
sombras disfrazadas de luz, al ser sorprendidas.
Y de repente un día:
Pisa esas gafas y camina.
Soñé que mi alma se desprendía de mi cuerpo.
Lejos de querer despertar, mi yo durmiente lo escenificaba
como un fenómeno increíblemente armonioso y placentero.
"Te he disculpado tantas veces"
De repente esa frase, se hizo un hueco en mi cabeza y resplandeció con neón amarillo de entre las luces y tinieblas que conforman mis recuerdos.
Un amor tan enorme que eclipsa todo lo demás. Un sentimiento gigantesco enfocado en un alguien idealizado en mi atelier. La perfección inalcanzable que me devora lentamente con los años.
Y llega el día que celebro la vida, y vuelves clandestinamente. Y me disparas:
"besos, muchos besos y sentimientos bonitos: Muchísimos!"
Cariñosamente sigues jodiéndome la existencia.
Y esa es mi suerte.
Ruge en silencio: no le dejes salir.
Si la luz le ilumina apagará todo lo que se anteponga en su camino.